Por Volkan Bozkir, 11 de mayo de 2021
?En qu¨¦ pensamos cuando escuchamos la palabra ¡°desertificaci¨®n¡±? ?En dunas de arena que invaden poco a poco las abundantes tierras de cultivo? ?En los desiertos del S¨¢hara y de Gobi que van apoder¨¢ndose de ?frica y Asia? ?En r¨ªos y arroyos que se secan? Todo eso ciertamente forma parte de la desertificaci¨®n. Sin embargo, el efecto principal de la desertificaci¨®n es la degradaci¨®n de las tierras, hasta que el suelo est¨¢ tan da?ado que ya no puede sustentar la vida.
El suelo es mucho m¨¢s que simple tierra. Un suelo sano es esencial para un planeta sano. El suelo bajo nuestros pies contiene un rebosante mundo oculto de plantas, animales y microbios. Muchos son demasiado peque?os para observarlos a simple vista, pero nuestra supervivencia depende de ellos. Esta reserva olvidada sustenta nuestra agricultura y nuestras industrias alimentarias. Contribuye a regular las emisiones de gases de efecto invernadero y mantiene el vigor de las plantas, los animales y los seres humanos.
No obstante, hoy en d¨ªa, m¨¢s de una quinta parte de la tierra del planeta (que abarca m¨¢s de la mitad de nuestros terrenos agr¨ªcolas) est¨¢ sufriendo. Cada a?o se pierden m¨¢s de 12 millones de hect¨¢reas de tierra a causa de la desertificaci¨®n, la degradaci¨®n de las tierras y la sequ¨ªa. Esta p¨¦rdida perjudica a m¨¢s de 3.000 millones de personas, especialmente las comunidades pobres y rurales del mundo en desarrollo. Asimismo, al convertir terrenos apresuradamente en tierras de cultivo, sin tener en cuenta la salud general de nuestro medio ambiente, se liberan a la atm¨®sfera carbono y ¨®xido nitroso. El cambio clim¨¢tico se acelera, la biodiversidad se debilita y proliferan las enfermedades infecciosas. Todo ello pone en peligro el suministro de agua, los medios de subsistencia y nuestra capacidad de hacer frente a los desastres naturales y los fen¨®menos meteorol¨®gicos extremos.
A menos que actuemos ahora, la situaci¨®n seguir¨¢ empeorando. En los pr¨®ximos 25 a?os, la degradaci¨®n de las tierras podr¨ªa reducir la productividad alimentaria mundial hasta en un 12 %, lo que provocar¨ªa un aumento del 30 % de los precios mundiales de los alimentos. Si nos despreocupamos de esta cuesti¨®n, nunca alcanzaremos los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Sin embargo, hay muchos signos de esperanza y muchas cosas que podemos lograr juntos. Como hemos visto en relaci¨®n con el r¨¢pido desarrollo de las vacunas contra la COVID-19, cuando hay voluntad y se despliegan recursos, la humanidad puede realizar haza?as verdaderamente asombrosas.
Restaurar 350 millones de hect¨¢reas de tierras degradadas para 2030 podr¨ªa eliminar de la atm¨®sfera entre 13 y 26 gigatoneladas de gases de efecto invernadero. Por cada d¨®lar empleado en la restauraci¨®n de tierras ¡ªincluso a trav¨¦s de proyectos intensivos en mano de obra poco cualificada¡ª se pueden conseguir al menos 9 d¨®lares de beneficios econ¨®micos. La restauraci¨®n de tierras no solo crea oportunidades de empleo verde en una amplia gama de sectores, sino que tambi¨¦n nos permitir¨¢ cultivar alimentos m¨¢s nutritivos, incrementar la seguridad del abastecimiento de agua limpia, hacer frente a la p¨¦rdida de biodiversidad, mitigar el cambio clim¨¢tico y adaptarnos a sus efectos. ?
Tanto si hablamos de los habitantes de las ciudades, que necesitan un suministro fiable de frutas y verduras, como de los hoteleros de las islas, que cuentan con las playas protegidas y las palmeras cimbreantes para atraer a los turistas, o de los pacientes de los hospitales, cuyas vidas dependen de los medicamentos derivados de la naturaleza, una cosa est¨¢ clara: no hay ninguna persona en nuestro planeta ¡ªni tampoco ning¨²n ser¡ª cuya existencia no est¨¦ vinculada a la tierra.
Entonces, ?qu¨¦ puede hacer cada uno para ayudar a proteger nuestra tierra y nuestro suelo? Un sencillo paso es no desperdiciar alimentos, porque, cuando los agricultores trabajan la tierra para producir alimentos que no nos comemos, nuestro suelo se agota innecesariamente. Si uno es un urbanita, puede colaborar con sus autoridades locales para que su ciudad sea m¨¢s verde, a trav¨¦s de m¨¦todos tan innovadores como los jardines en los tejados y los bosques verticales.
El fomento de la regeneraci¨®n de las tierras es una parte fundamental de nuestro trabajo en las Naciones Unidas. En los pr¨®ximos meses se celebrar¨¢n en un mismo a?o, por primera vez en la historia, importantes conferencias de seguimiento de las tres convenciones de R¨ªo: la Convenci¨®n de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificaci¨®n, la Convenci¨®n Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Clim¨¢tico y el Convenio sobre la Diversidad Biol¨®gica. Se trata de una oportunidad ¨²nica para reflexionar sobre la salud de nuestro planeta y sobre lo que podemos hacer para mejorar esa salud y proteger nuestra propia existencia.
Por mi parte, el 20 de mayo organizar¨¦ una reuni¨®n de alto nivel sobre la desertificaci¨®n, la degradaci¨®n de las tierras y la sequ¨ªa, en el emblem¨¢tico Sal¨®n de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Esta reuni¨®n ¡ªla primera de este tipo en m¨¢s de una d¨¦cada¡ª aprovechar¨¢ los logros anteriores, pondr¨¢ de relieve las deficiencias de nuestros esfuerzos colectivos y proporcionar¨¢ impulso a las tres grandes conferencias relacionadas con las convenciones de R¨ªo. Nos recordar¨¢ que la degradaci¨®n de las tierras es real y hay que combatirla, mostrar¨¢ c¨®mo tres cuestiones aparentemente diferentes ¡ªel clima, la biodiversidad y la desertificaci¨®n¡ª est¨¢n en realidad intr¨ªnsecamente relacionadas y har¨¢ que aumente el deseo de llevar a cabo una acci¨®n mundial.
La Asamblea General es el ¨²nico ¨®rgano en el que los 193 Estados Miembros de las Naciones Unidas se sientan como iguales. Por tanto, no hay mejor lugar para abordar los problemas que trascienden las fronteras y nos afectan a todos. Cuando se trata de la propia tierra que pisamos, el suelo que nos da vida, no hay tiempo que perder. Es posible que las conferencias de alto nivel no mejoren la situaci¨®n de la noche a la ma?ana, pero, si nos aseguramos de que todos estemos en la misma onda, compartiendo las mejores pr¨¢cticas y dando pasos reales juntos, podemos cambiar el rumbo. Antes o despu¨¦s, sin duda alguna, revertiremos la desertificaci¨®n, la degradaci¨®n de las tierras y la sequ¨ªa, porque no hay otra opci¨®n. Para ello, debemos trabajar juntos. Tendremos que cambiar algunas de nuestras pr¨¢cticas y espero que las Naciones Unidas puedan contar con su apoyo.
Una cosa est¨¢ clara: no hay ninguna persona en nuestro planeta ¡ªni tampoco ning¨²n ser¡ª cuya existencia no est¨¦ vinculada a la tierra.?
Volkan Bozkir

