30 de abril de 2020
Los primeros indicios apuntan a que el virus causante del COVID-19 supone un mayor riesgo directo para la salud de los hombres, en particular de los hombres mayores. Pero la pandemia est¨¢ exponiendo y explotando desigualdades de todo tipo, incluida la desigualdad de g¨¦nero. A largo plazo, sus consecuencias sobre la salud, los derechos y las libertades de las mujeres podr¨ªan perjudicarnos a todos.
Las mujeres ya est¨¢n sufriendo el impacto mortal de los cierres y las cuarentenas. Estas restricciones son esenciales, pero hacen que las mujeres atrapadas con parejas abusivas queden m¨¢s expuestas a la violencia. En las ¨²ltimas semanas se ha producido un repunte alarmante de la violencia dom¨¦stica en todo el mundo: la mayor organizaci¨®n de apoyo del Reino Unido informa de que las llamadas han aumentado en un 700 %. Al mismo tiempo, se est¨¢n produciendo recortes y cierres en los servicios de apoyo a las mujeres en situaci¨®n de riesgo.
La profunda recesi¨®n econ¨®mica que acompa?e a la pandemia probablemente tenga un rostro claramente femenino.
Este era el trasfondo de mi reciente llamamiento a la paz en los hogares de todo el mundo. Desde entonces, m¨¢s de 143 Gobiernos se han comprometido a apoyar a las mujeres y las ni?as expuestas a la violencia durante la pandemia. Todos los pa¨ªses pueden hacer algo: hacer que los servicios de apoyo est¨¦n disponibles en l¨ªnea, ampliar los refugios para las v¨ªctimas de violencia dom¨¦stica y designarlos como esenciales y redoblar el apoyo a las organizaciones de primera l¨ªnea. La alianza de las Naciones Unidas con la Uni¨®n Europea para eliminar la violencia de g¨¦nero, la Iniciativa Spotlight, est¨¢ trabajando con los Gobiernos de m¨¢s de 25 pa¨ªses en la puesta en pr¨¢ctica de estas medidas y otras similares, y est¨¢ dispuesta a ofrecer m¨¢s apoyo.
Pero la amenaza que plantea el COVID-19 para los derechos y libertades de las mujeres va mucho m¨¢s all¨¢ de la violencia f¨ªsica. Es probable que la profunda recesi¨®n econ¨®mica que acompa?e a la pandemia tenga un rostro claramente femenino.
El trato injusto y desigual que reciben las mujeres trabajadoras es una de las razones por las que me met¨ª en pol¨ªtica. A finales de los a?os 60, cuando era estudiante y hac¨ªa trabajo social como voluntario en zonas pobres de Lisboa, vi a mujeres en situaciones muy dif¨ªciles que realizaban trabajos serviles y cargaban con el peso de su familia extensa. Sab¨ªa que esto ten¨ªa que cambiar, y a lo largo de mi vida he visto cambios importantes.
Pero ahora, varios decenios despu¨¦s, el COVID-19 amenaza con reintroducir esas condiciones, y otras peores, en la vida de muchas mujeres de todo el mundo. Las mujeres est¨¢n representadas de forma desproporcionada en trabajos mal pagados o sin beneficios como el trabajo dom¨¦stico, el trabajo ocasional, la venta ambulante y los servicios de peque?a escala, como la peluquer¨ªa. La Organizaci¨®n Internacional del Trabajo estima que solo en los pr¨®ximos tres meses se perder¨¢n casi 200 millones de puestos de trabajo, muchos de ellos precisamente en esos sectores.
Justo cuando muchas mujeres est¨¢n perdiendo su empleo remunerado, se est¨¢n encontrando con un enorme aumento en el trabajo de cuidados debido al cierre de las escuelas, la saturaci¨®n de los sistemas de salud y las mayores necesidades de las personas de edad.
Y no olvidemos a las j¨®venes que se han quedado sin poder acabar los estudios. En algunas aldeas de Sierra Leona, el porcentaje de chicas adolescentes escolarizadas baj¨® del 50 % al 34 % despu¨¦s de la epidemia del ¨¦bola, lo cual tendr¨¢ repercusiones en su bienestar y en el de sus comunidades y sociedades durante toda la vida.
Muchos hombres tambi¨¦n est¨¢n perdiendo el empleo y tienen que conciliar exigencias a veces encontradas. Pero, incluso en el mejor de los casos, las mujeres hacen tres veces m¨¢s trabajo dom¨¦stico que los hombres. Eso significa que es m¨¢s probable que tengan que quedarse cuidando de los ni?os si las empresas vuelven a abrir mientras las escuelas permanecen cerradas, lo que retrasar¨ªa su regreso a la fuerza de trabajo remunerada.
Esta pandemia supone un desaf¨ªo no solo para los sistemas sanitarios de todo el mundo, sino tambi¨¦n para nuestro compromiso con la igualdad y la dignidad humana.
El fuerte arraigo de las desigualdades tambi¨¦n significa que, aunque el 70 % de los trabajadores sanitarios son mujeres, hay muchos m¨¢s hombres que mujeres con responsabilidades de gesti¨®n sanitaria. Adem¨¢s, solo uno de cada diez dirigentes pol¨ªticos de todo el mundo es mujer. Esto nos perjudica a todos. Necesitamos que haya mujeres sentadas a la mesa cuando se toman decisiones sobre esta pandemia para evitar que se cumplan las predicciones m¨¢s pesimistas, como un segundo pico de contagios, escasez de mano de obra e incluso disturbios sociales. Las mujeres que tienen poca seguridad laboral necesitan urgentemente protecciones sociales b¨¢sicas, desde seguro m¨¦dico hasta licencia de enfermedad con sueldo, cuidado infantil, protecci¨®n de los ingresos y prestaciones de desempleo. De cara al futuro, las medidas para estimular la econom¨ªa, como las transferencias en efectivo, los cr¨¦ditos, los pr¨¦stamos y los rescates financieros, deben estar dirigidas a las mujeres, independientemente de que sean empresarias o propietarias de negocios, trabajen a tiempo completo en la econom¨ªa formal o lo hagan a tiempo parcial o de manera ocasional en el sector informal.
La pandemia del COVID-19 ha dejado m¨¢s claro que nunca que el trabajo dom¨¦stico no remunerado de las mujeres est¨¢ subvencionando tanto los servicios p¨²blicos como los beneficios privados. Este trabajo debe tenerse en cuenta en los datos econ¨®micos y en la toma de decisiones. Todos saldremos ganando si existen mecanismos laborales que reconozcan las responsabilidades relacionadas con el cuidado de las personas y modelos econ¨®micos inclusivos que valoren el trabajo en el hogar.
Esta pandemia supone un desaf¨ªo no solo para los sistemas sanitarios de todo el mundo, sino tambi¨¦n para nuestro compromiso con la igualdad y la dignidad humana. Si ponemos los intereses y los derechos de las mujeres en primer plano, podremos superar esta pandemia m¨¢s r¨¢pidamente y construir comunidades y sociedades m¨¢s equitativas y resilientes que nos beneficien a todos.
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